Shopify o desarrollo a medida: cómo decidir

Hacemos tiendas de los dos tipos. Esto es lo que miramos para recomendar una u otra antes de empezar.
27.10.2026 — Xavi Valero — 6 min lectura

Cuando una empresa nos escribe para montar o rehacer su tienda online, muchas veces la decisión ya viene medio tomada. Hay quien ha oído que Shopify es lo rápido y lo barato y quiere ir directo a eso, y hay quien da por hecho que una empresa de su tamaño necesita algo hecho a medida. Las dos ideas tienen parte de razón, pero ninguna sirve para decidir sin mirar antes cómo vende el negocio.

En el estudio hacemos e-commerce de los dos tipos, así que no tenemos especial interés en empujar hacia una u otra. Lo que sí hemos visto es lo que pasa cuando se elige mal. Una tienda a medida para un catálogo sencillo acaba siendo cara de mantener para lo que aporta, y un Shopify forzado para cubrir una operativa que no encaja termina lleno de parches.

Cuándo encaja Shopify

Shopify funciona muy bien cuando se vende a cliente final, con un catálogo y un proceso de compra parecidos a los de la mayoría de tiendas. Pagos, envíos, inventario y seguridad vienen hechos y los mantiene Shopify, y eso es mucho trabajo que no hay que pagar ni vigilar.

También encaja cuando hay prisa por salir. Una tienda en Shopify bien montada puede estar vendiendo bastante antes que una desarrollada desde cero, y eso pesa cuando hay una temporada o una campaña marcada en el calendario. Y encaja cuando el equipo quiere llevar la tienda por su cuenta, subir productos, cambiar precios o lanzar un descuento sin tener que llamar a nadie.

Para lo que no viene de serie suele haber una app. El ecosistema es enorme y cubre la mayoría de necesidades habituales. Además, Shopify no está reñido con el trabajo a medida. Sobre la plataforma se pueden hacer temas propios, integraciones con el ERP o con la logística y funcionalidades concretas que el negocio necesite, así que una tienda en Shopify también puede llevar bastante desarrollo detrás.

Cuándo tiene sentido desarrollar a medida

El desarrollo a medida empieza a tener sentido cuando la forma de vender no cabe en una tienda estándar. Pasa con los precios que cambian según el cliente o el volumen, con productos que se configuran pieza a pieza antes de comprarlos, con reservas de fechas o de plazas, con suscripciones que tienen sus propias reglas o con catálogos distintos según quién entra. Cada una de estas cosas se puede resolver en Shopify con apps o con desarrollo, pero cuando se juntan varias, la tienda empieza a pelearse con la plataforma.

Los portales B2B son el caso más claro. Un distribuidor que compra con condiciones pactadas, pedidos que necesitan aprobación, tarifas por cliente o pagos a crédito suelen pedir algo diseñado alrededor de esa operativa. Lo mismo ocurre cuando la tienda tiene que hablar a fondo con el ERP, con el almacén o con sistemas internos. También hay proyectos donde el contenido pesa tanto como la venta, como marcas que explican mucho su producto o tiendas que conviven con una web de contenido grande, y ahí una plataforma pensada para gestionar contenido con libertad suele dar más juego.

Hay una señal que conviene vigilar en cualquier tienda que crece. Si para cubrir lo que falta se van sumando apps de terceros, cada una con su cuota mensual y su manera de hacer las cosas, llega un momento en que vale la pena parar y hacer cuentas. A veces la respuesta es seguir igual y otras es desarrollar una pieza propia que sustituya a varias apps a la vez.

Clean 3d isometric illustrative scene of ecommerce process

Shopify y desarrollo propio a la vez

En la práctica, muchas de estas conversaciones acaban en un punto intermedio. Shopify se encarga de la venta, que es lo que mejor hace, y alrededor se desarrolla lo que es propio del negocio. Puede ser una integración con el ERP que mantenga el stock y los pedidos al día, un backoffice para gestionar algo que Shopify no contempla o una app para clientes recurrentes que se apoya en la misma tienda.

Es la misma idea que explicábamos al hablar de CRM, ERP y software a medida. Lo que es común a cualquier negocio se cubre con herramientas de mercado, que están probadas y se mantienen solas, y el desarrollo propio se reserva para lo que de verdad diferencia a la empresa. En un e-commerce, eso suele significar dejar el carrito y el checkout a Shopify y dedicar el presupuesto a lo que pasa antes y después de la compra.

Lo que miramos antes de recomendar nada

Lo que un cliente espera de esta decisión es que la tienda funcione, que aguante cuando el negocio crezca y que no haya que rehacerla dentro de dos años porque se eligió la base equivocada. Para acertar ayuda mucho haber montado tiendas de los dos tipos y haber visto cómo evoluciona cada una con el tiempo.

Por eso las primeras conversaciones van más de negocio que de tecnología. Nos interesa cómo vende hoy la empresa y cómo quiere vender dentro de dos o tres años, porque quien piensa abrir un canal B2B el año que viene necesita una base distinta de quien solo vende a particulares. Preguntamos qué sistemas tienen que hablar con la tienda y quién la va a gestionar. Y siempre acabamos hablando de qué hace diferente a esa empresa de su competencia, porque suele ser ahí donde vale la pena invertir en desarrollo propio.

Con esas respuestas se ve pronto lo que no va a encajar. Un configurador que se intuye complicado, una integración con un ERP antiguo sin API o un catálogo que va a crecer mucho son cosas que conviene saber antes de elegir. A veces lo que toca es recomendar la opción más sencilla, aunque sea la que menos trabajo nos da, porque una tienda en Shopify bien montada, que el cliente gestiona por su cuenta y que funciona durante años, también es un buen proyecto para nosotros.

Si estáis pensando en vuestra tienda

Si vais a lanzar una tienda online o estáis pensando en rehacer la que tenéis y no tenéis claro qué base os conviene, podemos verlo juntos antes de empezar. Suele bastar una conversación sobre cómo vendéis y qué tiene que conectar la tienda para saber hacia dónde tirar.